El océano ha absorbido en 2025 una cantidad récord de calor adicional: 23 zettajulios, una unidad que equivale a mil trillones (1021) de julios y que sirve para medir energías extraordinariamente grandes. Es, aproximadamente, 40 veces la energía que consumió el mundo entero ese mismo año, según el décimo Informe Copernicus sobre el Estado del Océano(1).

Sumario

 

El documento, publicado este miércoles por el Servicio Marino de Copernicus de la Unión Europea desde Toulouse (Francia), ha sido elaborado por Mercator Ocean International –la entidad a la que la Comisión Europea ha encargado poner en marcha ese servicio– con contribuciones de 125 científicos de Europa y del resto del mundo. Se basa en los datos más recientes de satélites, mediciones in situ y modelos informáticos, y lanza su advertencia más contundente hasta la fecha sobre los profundos cambios que se extienden por el océano, en pleno episodio de El Niño en el Pacífico, probablemente sin precedentes.

 

Un océano cada vez más caliente

 

Las señales que recoge el informe son inequívocas. El aumento del contenido de calor oceánico se ha acelerado desde 1960, con esa absorción adicional récord de 23 zettajulios en 2025. El nivel medio global del mar subió a un ritmo de 3,8 milímetros al año –con un margen de error de 0,3– entre 1999 y 2025, una velocidad que aumentó hasta los 4,2 milímetros anuales entre 2012 y 2025. Además, el océano se volvió aproximadamente un 17 % más ácido entre 1985 y 2025.

El océano se está transformando ante nuestros ojos: el calentamiento, la subida del nivel del mar y la degradación de los ecosistemas son señales interconectadas

PIERRE BAHUREL, Mercator Ocean International

“El océano se está transformando ante nuestros ojos: el calentamiento, la subida del nivel del mar y la degradación de los ecosistemas son señales interconectadas de un cambio significativo y a largo plazo”, ha afirmado Pierre Bahurel, director general de Mercator Ocean International. Según el informe, no se trata de tendencias aisladas, sino de consecuencias enlazadas del calentamiento del océano, cada vez más visibles en los mares regionales y en las comunidades costeras de todo el mundo.

A medida que el océano absorbe más calor, los efectos se propagan por todo el sistema marino. Las aguas más cálidas alimentan las olas de calor marinas y pueden intensificar las tormentas y alterar los ecosistemas. También contribuyen a la subida del nivel del mar por dos vías: la expansión térmica –el agua caliente ocupa más espacio– y el deshielo continental.

Los registros a largo plazo son clave para entender lo que ocurre. Permiten hacer visibles estos cambios y distinguir los acontecimientos aislados de las tendencias más amplias, además de mostrar de dónde surgen los impactos y en qué lugares los gobiernos y las comunidades podrían necesitar prepararse.

Bahurel ha subrayado que el décimo informe demuestra por qué es importante mantener una observación operativa y sostenida y el valor de convertir los datos en información fiable que gobiernos y comunidades puedan utilizar para prepararse para lo que vendrá. “Nos corresponde desarrollar y mantener la capacidad necesaria para anticipar esta transformación”, ha añadido.

 

Los mares europeos, bajo presión

 

En Europa, los mares regionales soportan una presión especialmente intensa, y algunas zonas cambian más rápido que otras. En 2024, el Mediterráneo y el mar Negro registraron olas de calor marinas que batieron récords: algunas duraron más de 30 días y elevaron las temperaturas más de 4,6 grados por encima de la media. Los investigadores han analizado además cuánto calor se esconde bajo la superficie.

Los resultados revelan impactos que las temperaturas superficiales, por sí solas, no permiten detectar y ofrecen una visión más completa de los riesgos

Los resultados revelan impactos que las temperaturas superficiales, por sí solas, no permiten detectar y ofrecen una visión más completa de los riesgos para los ecosistemas marinos, advierte el informe. Para llegar a esa conclusión, los científicos combinaron las observaciones de la superficie con mediciones del contenido de calor del agua hasta unos 40 metros de profundidad y comprobaron que una cantidad significativa de calor puede persistir bajo la superficie. Un termómetro en la superficie, por tanto, no cuenta toda la historia.

Los fenómenos extremos tienen, además, consecuencias inmediatas para las personas y las infraestructuras. En febrero de 2024, la borrasca Louis generó olas de más de ocho metros en algunos tramos de la costa atlántica española: causó una víctima mortal, alteró el transporte, provocó cortes de electricidad generalizados y dificultó las operaciones marítimas en dos puertos españoles.

Nueve meses después, los persistentes vientos del nordeste alejaron el agua de la costa finlandesa y provocaron un descenso récord del nivel del mar de 153 centímetros –más de metro y medio– en el golfo de Botnia. Los servicios de ferri se suspendieron durante 18 horas.

El caso finlandés muestra, sin embargo, para qué sirve la observación continua. Los sistemas de predicción anticiparon esos niveles de agua excepcionalmente bajos con tres o cuatro días de antelación, lo que permitió a los puertos, los servicios de ferri y las autoridades costeras prepararse con tiempo.

“El Informe sobre el Estado del Océano vuelve a mostrar la magnitud y la urgencia de los retos que afronta el océano”, ha afirmado Andrius Kubilius, comisario europeo de Defensa y Espacio, quien ha advertido de que el cambio climático continúa alterando los ecosistemas marinos y la circulación oceánica. Según Kubilius, estos cambios exigen conocimientos más sólidos, cooperación internacional y acción, y ha recordado que Europa refuerza la observación del océano mediante la iniciativa OceanEye, que junto con las observaciones in situ y los modelos digitales sirve para observar, comprender y anticipar estos cambios.

 

Islas y polos, en primera línea

 

La relación entre los cambios del océano y la vulnerabilidad humana no es más evidente en ningún lugar que en los pequeños Estados insulares en desarrollo, un grupo de 40 países y 20 miembros asociados del Caribe, el Pacífico, el Atlántico, el océano Índico y el mar de China Meridional cuyas economías, infraestructuras y medios de vida dependen estrechamente del mar. Desde 1960, todas sus zonas económicas exclusivas –las aguas marítimas que cada país gestiona más allá de sus costas– han experimentado un calentamiento del océano, y el 65 % de su superficie conjunta ha estado expuesta a una aceleración de la subida del nivel del mar desde 1999.

El aumento de las temperaturas y del nivel del mar no es una mera preocupación ambiental, sino también una cuestión económica y de desarrollo sostenible

El aumento de las temperaturas y del nivel del mar no es una mera preocupación ambiental, sino también una cuestión económica y de desarrollo sostenible, advierte el informe. La vulnerabilidad de los arrecifes lo ilustra: casi el 28 % de esta zona alberga arrecifes de coral vulnerables, en peligro o en peligro crítico de extinción. Estos ecosistemas sustentan la pesca, el turismo y la protección costera, y pueden representar más del 20 % del PIB en algunos de estos países.

El informe también documenta profundos cambios en las regiones polares. El hielo marino del Ártico retrocede mientras se intensifica la erosión de la costa, y el gran ecosistema marino del mar de Barents ha perdido el 70 % de su extensión de hielo marino desde 1982. En la Antártida, la extensión excepcionalmente reducida del hielo marino en 2022 coincidió con un fracaso reproductivo a gran escala y sin precedentes entre los pingüinos emperador.

Frente a estos cambios, la ciencia oceánica puede convertir el conocimiento en herramientas prácticas. Al combinar observaciones casi en tiempo real con sistemas de predicción y modelización, los científicos pueden ofrecer alerta temprana, planificación de infraestructuras y adaptación.

“Diez años después, el Informe Copernicus sobre el Estado del Océano ofrece mucho más que una serie de instantáneas anuales”, ha afirmado Karina von Schuckmann, directora del informe. Según von Schuckmann, el documento proporciona un registro científico cada vez más amplio de un océano sometido a presiones crecientes y muestra cómo la observación sostenida, la modelización, la predicción y la colaboración científica ayudan a las sociedades a comprender qué está cambiando, dónde y por qué, y a anticipar los riesgos futuros y prepararse para sus consecuencias.

Referencias

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